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“Es como que tus padres te digan que no lo hiciste mal”

-¿Esperabas el premio?

-¡Noooooo! No tenía ni idea, ni siquiera era consciente de que se fallaba hoy. Cuando me ha llamado el ministro de Educación y Cultura para decírmelo me he quedado de piedra.

Rosa Montero responde desde su casa, en Madrid, cuando allí es la noche del día en que ganó el Premio Nacional de las Letras Españolas, una distinción cargada de prestigio y de 40.000 euros. El jurado la reconoció por “su larga trayectoria novelística, periodística y ensayística, en la que ha demostrado brillantes actitudes literarias y por la creación de un universo personal, cuya temática refleja sus compromisos vitales y existenciales, que ha sido calificado como la ética de la esperanza”.

Nada menos.

Premio Clarín. Rosa Montero fue jurado junto a Eduardo Belgrano Rawson y el Premio Nobel José Saramago el año en que ganó Claudia Piñeiro. /Archivo

Montero nació en Madrid en 1951, hija de un padre torero y una madre que dibujaba hasta que se dedicó a la familia. De chica, una tuberculosis la dejó fuera de la escuela por cuatro años.. y ahí se le hizo vicio la lectura. Dejó la casa de sus padres a los 21 y entonces, cuando a la dictadura franquista le quedaba poco, se hizo hippie. Estudió un poco de teatro, un poco de psicología pero lo suyo terminó siendo el periodismo y, con los dedos en la máquina de escribir, la rompió.

La narrativa era lo suyo. En 1979 publicó su primera novela, Crónicas del desamor, cuya protagonista es periodista, como la autora. En 1981 salió La función Delta. Por su séptimo libro, La hija del caníbal, ganó el Premio Primavera y el favor de los lectores: un año después había vendido 300.000 ejemplares sólo en España. Hoy tiene publicadas quince novelas para adultos y cuatro para chicos. Montero integró el Jurado de Honor del Premio Clarín Novela en varias ocasiones.

Era ya una escritora con experiencia en 2011, cuando salió Lágrimas en la lluvia. Sin embargo, esa novela fue un punto de cambio, traía una emoción nueva. La protagonista era Bruna Husky, una androide cuya vida tiene fecha de caducidad programada. La novela estaba dedicada a Pablo Lizcano, que fue su compañero y había muerto dos años antes: la idea de la muerte temprana se colaba entre las líneas de este libro. “Yo me siento también estafada por Dios. Qué es este fraude de la vida que vienes aquí tan lleno de ilusiones y te matan al final”, decía entonces Montero, sin ocultar cuánto de Rosa había en Bruna. En 2015 la androide reapareció en El peso del corazón. Y lo volverá a hacer a fines de 2018 o comienzos de 2019.

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Para entonces la hija del torero -hoy, una feroz defensora de los animales- será una Premio Nacional de la Letras.

-Más allá de la emoción, ¿qué significa el premio de acá en adelante?

-Significa, espero, más seguridad, más serenidad. Los novelistas somos todos unos inseguros de libro, arrastramos todos un pozo interior que quizá intentamos tapar con las palabras. Este premio -que además es maravilloso porque es el premio de tu sociedad, de tu entorno, de ese magma de personas del que sales y al que te diriges en primer lugar-, este premio, digo, puede poner una tapa sobre ese agujero. Espero que me dure mucho el efecto, ja ja ja. Mira, me siento como tranquilizada. Como si hubiera llegado a casa. Es como llegar a tu casa y que tu padre y tu madre te den una palmadita en el hombro y te digan: “Vale, no lo has hecho mal”.

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-¿En qué cambió como escritora desde “Crónica del desamor”?

-Puf, en todo. Lo que me tiene más satisfecha de mi trayecto como escritora es que no sé hasta donde he llegado, pero desde luego sé que ahora escribo novelas mucho mejores.

-¿Se nota la periodista en la ficción?

-Creo que no, y espero que no, porque sería mala ficción. Los géneros tienen sus propias reglas y el periodismo y la narrativa son completamente distintos. Por ejemplo, en periodismo la claridad es un valor; cuanto más clara y menos equívoca sea una pieza periodística,mejor. Y en novela, en cambio, la ambigüedad es un valor. Cuantas más lecturas tenga una novela, incluso contradictorias, mejor. En periodismo hablas de los árboles. En novela intentas hablar del bosque. En periodismo hablas de lo que sabes, de lo que has investigado, entrevistado, documentado. En novela hablas de lo que no sabes que sabes, porque nace del inconsciente, como los sueños. No tienen nada que ver, en fin.

Rosa Montero, premiada: "Es como que tus padres te digan que no lo hiciste mal"

The winner is… Montero, jurado del Premio Clarín Novela en 2010, e año en que ganó Gustavo Nielsen.

-¿Cómo es tu vínculo con Bruna?

-Ah, es muy profundo, muy íntimo. Es el personaje con quien mantengo una relación más personal, el que más se parece a mí. En el fondo, claro, porque yo no soy una androide de combate del siglo XXII, como es evidente.

-¿Qué le pasa a ella en la próxima novela?

-Estoy en ello. Estoy escribiendo la tercera novela de Bruna. Y no puedo destripar mucho. Pero en el fondo, sé que avanzará algunos pasitos en su aceptación de la vida y de la muerte. Igual que yo, espero.

-¿Habrá más?

-Seguro que sí.

-¿Qué dirá tu entrada de la Enciclopedia Británica en 200 años?

-No tengo ni idea. Tampoco me preocupa. No pienso en la posteridad. Y seguramente no habrá ninguna entrada. La memoria humana es frágil.


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